Densa Caótica Plenitud



Los misteriosos poemas de Densa caótica plenitud florecen a medida que uno se va a adentrando en los versos de Natalia, parecen estar vibrando todo el tiempo, haciendo a su vez vibrar todo lo que nos rodea hasta el punto que uno puede confundirse y pensar que ese mareo que nos envuelve es producto de uno. ¿Te movés vos o las cosas? nos dice un verso. Se mueven los poemas. Se mueve el mundo (el de las palabras), un mundo que se puede hacer y deshacer como si de un juego se tratara.

Un poemario en donde la muerte y la escritura. La ausencia y el amor. El silencio y las preguntas pueden convivir sin hacer ruido, sin molestarse. No hay interrogatorios, no hay máximas, ni conclusiones. Los poemas de Densa caótica plenitud no aspiran a brindar respuestas. Al contrario, desprenden interrogantes y aceptan el caos como lo que es.

Un universo con sus propias huellas, sus propios desnudos, sus propios diamantes y quizás algunas pequeñas certezas. Finalmente, todos tenemos dos, tres ¿cuatro? experiencias luminosas y no más: lo único que queremos es encontrar la forma de volver a ellas. Natalia nos comparte la forma que encontró de perpetuar las suyas, este es su libro, estos sus poemas. Este es su intento de salvaguardar lo ínfimo y luminoso. Este es el camino que eligió.

Marcos Gras

Las cosas inútiles

 


Vengo leyendo en este tiempo algunos libros de autorxs nacidxs en los 90 (o después) que me tienen fascinado. Algunos de ellos como JJ Romero, Fran Bariffi, Valeria Mussio, Eduarda Rocha y Martina Cruz componen una idea contundente de lo poético en el presente. Las viejas preguntas siguen y seguirán, ¿lo coloquial, lo barroco, el yo presente, el yo diseminado, el efectismo, la cámara desplazada? Desde las poetas chinas de la dinastía Tang a los beats, desde lxs hijxs del neoliberalismo a las vertientes folklóricas, en todas las posturas se reciclan las preguntas esenciales. El comentario viene para resquebrajar ciertos juicios perezosos sobre las poéticas contemporáneas que apelan a un registro simple como primer plano.


Las cosas inútiles de Martina Cruz (Temperley, 1997) pone una barrera política muy clara a esa crítica: “Ya no pienso que un poema pueda salvarme. / El poema es una cosa inútil. / A mí siempre me obsesionan / las cosas que no sirven para nada”. Vida y escritura, amor y confusión, desde los epígrafes (de Estela Figueroa y Fabián Casas) este libro nos pone a pensar en nuestras definiciones sobre esas cosas que conforman una vida. Cosas ¿simples? No lo creo, aunque sí normalizadas y hasta a veces desatendidas. Las transitamos, las atravesamos desde la sensibilidad que se puede, las valoramos como éxitos o fracasos, pero pocas veces las desarmamos en palabras.


Hay un poema de la escritora norteamericana Marie Howe que siempre me gustó mucho y que me volvió a la mente durante esta lectura. Se titula “Lo que hacen los vivos” y comienza así: “Johnny, la pileta de la cocina hace días está tapada, algún cubierto probablemente cayó por ahí. / Y el Drano no funciona, huele peligroso, y los platos sucios se han ido apilando // a la espera del plomero que todavía no llamé. Eso es de lo que hablamos cada día (…)” [trad. propia]. Tomando el título de este fabuloso poema (traducción completa en: https://lecturas-margendelpoema.blogspot.com/2024/10/traduccion-lo-que-hacen-los-vivos-de.html), podemos concluir que lo que hacen los vivos es hablar: decir la vida, los elementos y conflictos que hacen a su textura; traducir sus revelaciones, sus piedades, sus bellezas. Pasar por el lenguaje (ver el final del poema de Howe: no sólo recordar con el corazón), pasar por la imagen que en estos casos, Howe y Cruz, está hecha de palabras. El aliento vital se pega como las gotas de humedad al vidrio de las voces. Hay otros y hay tiempos que caben en ese dibujo antes de desvanecerse rápidamente.


“Mi mamá mentía. / Volvíamos caminando de la estación de tren / comprábamos pan, leche, fideos / charlábamos de películas / de las cosas que pasaban en la escuela. // Cuando mi padre indagaba / ella simplemente: / volvimos en colectivo. // Le pregunté: ¿por qué haces eso? / Durante casi toda mi infancia ella estuvo incómoda / él apenas la escuchaba / me respondió: / quiero que algo sea mío”.


Las películas de esas conversaciones no son tan diferentes de la película del poema. Creo que el cine y la poesía son dos géneros con muchos elementos compartidos. La posibilidad de exponer detalles y recortes de esos detalles en una secuencia que no necesita la linealidad hace que lo dicho sea imagen y viceversa. Las cosas: las cosas que pasaban en la escuela y las cosas que compraban; alimentos sencillos, sin lujo, poco metafísicos para cierta mirada de la poesía (O no: ¿qué más materno que la leche y el trigo, más bendito, más elemental, más simbólico? –véase, por ejemplo, el claroscuro junguiano de la madre que bien se trasluce en estos poemas). La relación con los padres que el sujeto poético femenino va desarrollando, es a su vez una relación con la lengua.


“Vimos las olimpiadas / en pleno invierno / con mi papá desempleado / la televisión de aire fallaba / mostrándonos de a fragmentos / esa gente que enfocó toda su vida / en una sola cosa / para que nosotros podamos ver / lo que es tocar un sueño / desde una casa que se derrumba”.


Es la belleza de aquello que funciona a medias y que por ello no nos pertenece del todo. La TV y los padres, la imperfección que sale de lo estándar (lo que sería más terrible aún) y lo aviva. Esa lejanía olímpica es lo que vuelve al asunto un álbum de estampas memorables. Cuántas veces se ha pensado y discutido ese vínculo del poemario con el álbum. Desde los usos intencionales a las colecciones sin hilo argumental, la memoria de ciertos acontecimientos puja muchas veces por ocupar la forma “poema”. En ese trayecto hay muchas veces en que la cosa queda a medio camino y otras en que la ocupación termina por barrer hasta el último vestigio estético del asunto. No creo que este libro sea un álbum, pero sí pone en juego algunos de sus recursos, por momentos de manera irónica: “No me voy a olvidar de vos / ni de esta noche / aunque no la escriba”. El blanco está –como en lo que no entra en foco- en lo que se guarda y desecha. Hay un plano de la poesía para unx mismx, una (fotografía) en el paréntesis personal. ¿Habrá quejas de los lectores? No puede haberlas de las cosas inútiles.


“Lo tuve claro desde chica. / Voy a escribir, voy a ser horrible. / Me aterra y me tranquiliza: / en la mentira es en el único lugar donde estoy completa. / La literatura es el último fortín / donde no tengo vergüenza”.


El no tener vergüenza puede leerse como el abandono de los mandatos. Patriarcales, morales, económicos entre los tantos que recaen sobre el sujeto de este tiempo. Es una actitud rockera pero también rimbaudiana: “l’enfant gêneur” que nombra en el poema titulado, justamente, “Honte”. Ser la niña molesta, el estorbo, en el fortín final de lo sentimental. ¿Ya no se habla de lo sentimental? Ahora es preferible, menos vergonzoso, hablar de trading, NFT y toda esa bola de nada por la que desfilan los niños disgustados con la sopa (también los viejos, disgustados con la sopa que no hicieron). Me gusta esa postura: ¿qué es de la poesía cuando la vergüenza domina el acto? Copia, un diálogo de diplomáticos tratando de quedar bien, voceros de estéticas ya fenecidas. Como bien lo sabía el poco simpático de Arthur, la verdadera rebeldía está en ser horrible. Ojo: pienso en una rebeldía literaria, que no es poco, sino que es, para muchos, la vida. No en el show de los tatuajes locos de Instagram. El yo literario no tiene nada que ver, en ninguna de sus formas, con esa obsesión por ser espiado en el retrete (linda palabra).


“arreglás el modem para que se vea bien el partido / vas a alentar aunque no sea tu camiseta / estoy muy drogada / tenés puesta una remera que dice lost fantasy / no nos veíamos hace cuatro años / no sé si estoy triste”.


Ese texto es parte de una serie titulada “Lost fantasy”, dividida en cinco estancias. Me interesa mucho que ese título surja del estampado de una remera. No hace falta explicar que los mensajes aleatorios inundan el paisaje humano con inscripciones entre absurdas y banales. Tan absurdas y banales, a veces, que me parecen geniales. Como en este caso, en que el significado de esa vestimenta se incrusta en lo sensible que irradia la escena. Bien podría ser el nombre de una banda punk (me lo anoto), o el subtítulo de una adaptación de Peter Pan. De hecho, si lo googlean, es el título de un videojuego RPG con reminiscencias a la clásica saga Final Fantasy nacida en 1987. Este último, paradójicamente con una serie ya de 16 entregas, tomó su nombre por ser el último intento creativo de Hironobu Sakaguchi cuando ya pensaba en retirarse de la industria. En el poema citado antes, las fantasías perdidas tampoco parecieran ser las últimas. Más bien un tramo reducido a la sintonía de un televisor o a una noche que se estira (en el resto de las estancias) lo que puede estirarse una noche. Aparecerá en esos últimos versos la idea del error, del hablar sin que se entienda, como una falla en el modem humano. Fallas, desechos, fugacidades y fugas. Todo lo que lleva este libro de Martina Cruz es lo que necesita una escritura para ser congruente consigo misma; ser una propuesta con suficientes pliegues para molestar.


Diego L. García


Reseña de:  www.margendelpoema.blogspot.com


Ladrarle al perro


 

Una poeta del puro presente

Los poemas de la escritora de Rojas recientemente publicados fueron escritos en 2001, pero podrían ser de hoy. La palabra de quienes la recuerdan, sus alumnos y sus editores.

Ladrarle al perro

El editor de Santos Locos, Marcos Grass, dice que haberla editado a Margarita fue una experiencia increíble. “Ella era presente continuo, siempre estaba haciendo, siempre estaba pensando para adelante y eso fue lo más trabajoso como editor, hacerla detenerse”, afirma. Marcos editó su primer libro, "Rosa o Muerte" y fue convocado por su marido, Hernán y un grupo de alumnas, para editar este nuevo libro póstumo “Ladrarle al perro”. Fue un trabajo de edición muy distinto, confirma. “A Mediados del 2021, un año después de la muerte de Marga, me llegó un libro con poemas inéditos, cuándo les pregunté de dónde había salido la selección, me respondieron que se trataba de una selección sobre una serie de archivos nominados por año, que arrancaban en los 2000 y contenían poemas, textos en prosa, sueños, fragmentos de lecturas, consignas", afirma.

Después de acceder al material completo, Marcos decidió proponerles editar los archivos por orden cronológico, dejando de lado los textos en prosa. “Creo que quedó algo que la representa dignamente, además de ser un libro necesario, sobre todo por esos primeros borradores escritos del 2000 al 2003. El mundo de la actualidad argentina se parece lamentablemente bastante a ese, una especie de caos-crisis y vuelta al neoliberalismo. Son poemas que no están para nada fuera de foco, muy vigentes y actuales. Creo que en ese sentido no fue algo buscado, sino algo que se dio naturalmente. La escritura de Margarita siempre fue muy política, muy del contexto, y Argentina es cíclica", afirma.

Dicen que Margarita era muy reticente a mostrar sus textos. Este libro inédito agrega una nueva capa de sentido a su obra, mientras representa a la poeta formada en Rojas con dignidad. El libro se puede adquirir a través de la web de Santos Locos. Sobre la vida y obra de Margarita, hay una página web realizada por su esposo, www.margaritaroncarolo.com, y además de los misteriosos textos inéditos por conocer de la autora.

Malena Saito

Los Planetas

 



Cuando pienso en un libro pienso en cómo suena. ¿Cuál es la música?. Después de pensarlo un rato creo que en este libro debería sonar “Tan grande como dos galaxias” en loop: Mi amor por vos se ve tan grande, tan grande como dos galaxias  También podría sonar “la noche eterna” con una letra tan afilada, melancólica y romántica como: Hoy / Voy a salir a buscar / Todo lo que quiero / Voy a derrumbar / Mi casa y empezar de nuevo / Todos se escondieron ya / Bajo la noche eterna / Sé que el cosmos cuida / A todos por igual.

 El punto es que debería sonar Santiago Motorizado. Bah, debería sonar Indie. Indie argentino para ser exactos. Y para ser más exactos: debería sonar una canción de amor.

 Los Planetas de Marcos Gras es un libro que nos invita a dar una vuelta por las estrellas, pero no ese cosmos que está allá lejos, sino el que llevamos dentro. El cosmos que lleva a los pibes al colegio, el cosmos que hace que vayas a una marcha o al trabajo. El cosmos que me permite acceder a la energía suficiente para subirme al transporte público todos los días de mi vida. Cada poema es un planeta en sí mismo, con su propia gravedad, orbitando en torno a las cosas que nos pasan. La galaxia cotidiana. Gras nos muestra que lo cósmico también puede ser mundano, y que las estrellas no están tan lejos como parecen. Me animo a decir, nada está tan lejos como creemos. Con la excusa del sistema solar, el autor se manda un viaje por las relaciones, los deseos, los miedos y los sueños que todos compartimos. Siempre me pareció loco que lo universal siempre está en lo particular. Pero no me quiero perder. Estoy viajando a toda velocidad por el espacio. Me pregunto ¿Cuáles son los planetas que giran en mi vida? ¿Cómo pasa el tiempo en este lugar? ¿Me da miedo? ¿Cuál es mi órbita? ¿Estás estrellas ya están muertas?

 El otro día leí que siempre hay tres temas: la muerte, el tiempo y el amor. Cualquier narrativa las pone en orden. Acá creo que el orden es: amor, tiempo y muerte. El amor le gana a la muerte acá. Lo que más me gusta del libro tiene que ver con lo que no se ve. Con el amor que se intuye. Con ese día a día del amor. No es un libro sobre cómo nos enamoramos, es un libro sobre cómo resistimos. Como diría Santi Motorizado: Tan brillante como el oro en la oscuridad. Pienso, que este amor que tiene Gras entre manos, es oro y el puede encontrarlo en lo oscuro porque lo conoce mucho. Es una teoría válida: podemos proteger lo que amamos porque lo conocemos.

 Me quedo con este verso: Amar y ser amado / y finalmente mirarnos / reconocernos en el reflejo del otro / y de lo que dejamos atrás y estar bien con eso.

Este libro me hace sentir que en algún momento voy a estar bien con eso. No hay sonido en el espacio, pero acá, les juro, suena una canción de amor.

Martina Cruz


Antes la noche no brillaba tanto

 


EL DON QUE CONMUEVE

Si tuviera que definir los poemas que integran Antes la noche no brillaba tanto diría que son: pequeños descubrimientos llenos de ternura.

Pequeños en el sentido del culto y la dedicación que hace Gael de la forma mínima de la poesía por sobre la verborragia que suele caracterizar los poemarios contemporáneos; descubrimientos porque cada poema parece revelarse exclusivamente para nosotros (ahí radica el talento del poeta) como si hubieran sido escritos pensando únicamente en nuestra lectura y la de nadie más. Y por último tiernos porque los poemas de Inés Púrpura actúan en nosotros con misterioso fervor. Una mezcla de realismo y ternura en el que como dice Carver “… creemos adivinar los sentimientos del otro, no podemos, por supuesto, nunca podremos. No tiene importancia. En realidad, es la ternura la que interesa. Ése es el don que conmueve, que sostiene, esta mañana, igual que todas las mañanas.”

Como lector caí en el tierno encanto de los poemas de Inés Púrpura hace tiempo; poemas breves y ediciones bellas de una época menos digital y más punk. Siempre que pude hacerme con ejemplares los regalé. Como editor siempre anhele haberlos publicado. Hoy gracias a la generosidad de varias editoriales puedo concretar ese deseo. Los poemas de Gael, los poemas de Inés Púrpura juntos en Santos Locos para que de alguna manera en la inmediatez de un poema este mundo nos duela menos.

Marcos Gras

Una fogata hablaba de nuestros corazones

 





Sbarra escribió que lanzarse al amor es empezar a construir un recuerdo que seguramente será terrible” En una fogata hablaba de nuestros corazones de Inés Púrpura (proyecto poético de Gael Inés, poeta transmasculino) no existe el miedo a crear ese recuerdo y Gael redobla la apuesta, no todo recuerdo del amor debe ser terrible

Quedarme para siempre en tu abrazo

hasta que el sol venga a buscarme

me queme la piel

y los recuerdos

hasta convertirme en polvo

en tu abrazo

en el sol que vino a buscarme.

No conozco un poeta que hable de la ternura y la pasión con tanta delicadeza como Gael en sus poemarios (invito al lector a leer este y todos los anteriores).

Sencillo y directo parece estar todo el tiempo, aun en los silencios, sabiendo de que se trata esto de amar; y que amar y sufrir son líneas que en algún momento convergen pero que amar es el acto definitivo, aquel que nos define y que al amor hay que entrar como dice un verso con El corazón en mano.

Los poemas de Gael sondean el amor en su materialidad ¿de qué están hechos los sueños? ¿de qué se compone el amor?

Poemas luminosos sobre el paso del tiempo, los besos

¿Se puede retener la felicidad?

Gael nos advierte que en su condición de poeta puede mentirnos y que esa mentira es en post de entender lo que ocultan las preguntas que los mismos poetas exploran

Lxs poetas somos algo mentirosxs

porque escribimos hasta de lo que no conocemos

exploramos la tristeza, además

y el deseo que tenemos de amar

como si fuéramos en busca de una golosina nueva.

Una fogata hablaba a nuestros corazones en un poemario luminoso, radiante. Poemas que invitan al conocimiento, al asombro, a desdibujar las fronteras.

Todo lo que me motiva

me despierta

todo lo que me conmueve

me enseña.

Este nuevo libro de Gael Inés nos habla de amar, de dejar ir, de elegir y de recordar, de caminar y decidir como transitar ese camino que se emprende. Sin dogmas, con amor y curiosidad y aceptando que lo que hoy duele alguna vez fue pasión y que ese dolor es transformador 

...cultivar es algo hermoso

como un verbo o una acción

como un jardinero hundo mis manos

en mi rostro

mis dedos se extienden

cultivo

a lo largo y ancho

desparramo

acaricio.

Pensar que de la tierra brota tanta savia

hay canales de riego construidos hace miles de años.

Hago una pausa en la tarea

quiero decir

en todo este tiempo

jamás deje de amarte.



Otras pieles

 





“Salgo a correr, no solo ahora, sino siempre. No sé hacia dónde, pero sí de dónde" este fragmento de un poema de Kai Isaiah Jamal aplica al nuevo poemario de Inés Kreplak porque al leer otras pieles se sale de lleno a correr, no sabemos a dónde, pero si desde de dónde: desde la poesía.

Inés se define “hosca como un catus” pero sus poemas no lo son, son directos y reales, sin subterfugios, ni adornos. Leer a Inés es entender que su poesía como un buen jab nos impacta desde el primer poema en el mentón, mostrándonos sin matices, con crudeza por dónde irán los versos de este libro.

Inés odia la palabra resiliencia, pero hay sin dudas en estos poemas una búsqueda, una formula ¿un ardid? Para superar el trauma, el dolor o la soledad.

¿Cuál?

La autoexploración

Preguntarse sobre la familia, la infancia y las amigas. Bucear en el pasado y buscar patrones y encontrar siempre la escritura como salvación como motor para seguir adelante

“Me dirías que no escriba

que no cuente ni ventile

que no grite tanto

que no llore enfrente de la gente.”

Y la transparencia del dolor porque nombrarlo, escribirlo como si nombrando, dándole peso a los traumas pudiéramos superarlos. Revelar lo que nos resquebraja para mantener de esa manera todo unido y en su lugar.

“…Desolada, iracunda, enojada

aún más

irritada, colérica, furibunda

escribo versos catárticos

repletos de eso que jamás

llamaríamos poesía…”

Inés nos sacude con energía y después reposa, cae y parece apagarse. Como si lo vital viniera por oleadas, como si la palabra, su cuerpo ¿ella? Tuviera picos de electricidad y adrenalina para después dejarse caer en el cansancio y en poemas atávicos como las milanesas de su madre.

 Y la escritura como escape, la escritura como salida siempre.

 

Cada día

Palabras

sensaciones, olores

texturas, recuerdos

rumiar hasta entender qué:

escribo

y ya puedo volver a respirar

Escribir poesía, hacerse preguntas, compartir las pequeñas respuestas y volver a comenzar el ciclo una y otra vez.

 


Extensión del cuerpo

 


“Te amo te odio dame más” Extensión del cuerpo, el 2do libro de Tomás Litta juega (al igual que Charly en Peperina) con la sensación del goce, pero el goce desde la pulsión del dolor. 

El amigx Lacan hablaría de el orden del forzamiento ya que en el orden cotidiano el goce y el placer están aparejados y se usan como sinónimos, pero para psicoanálisis no lo son. El placer es “la menor excitación, lo que hace desaparecer la tensión, la atempera más” y el goce es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto, incluso de la hazaña. Incontestablemente hay goce en el nivel donde comienza a aparecer el dolor, y sabemos que es sólo a ese nivel del dolor que puede experimentarse toda una dimensión del organismo que de otro modo aparece velada (...) Este cuerpo no se caracteriza simplemente por la dimensión de la extensión: un cuerpo es algo que está hecho para gozar, gozar de sí mismo”.

Los poemas que recorren Extensión del cuerpo son goce, puro y sencillo goce.

Hay dolor y solamente mediante ese dolor comprendemos el libro y su goce. Una ruptura desde el primer poema, una caída desde el primer poema.

La noche

la llegada del invierno

el rugir de mi estómago

la estufa rota

de nuestra habitación.

Todo de repente

se hundió en el silencio

cuando hiciste la pregunta

que yo no quería escuchar.

 

La tensión y el sexo entre dos que ya no son uno.

 

Cruzamos

nuestras lenguas

sabiendo que

una caricia

no es suficiente

para saciar un vacío.

Vos y yo, cómplices

de una misma infamia

celebramos el fin

de todas las cosas

mientras la vibración

de las paredes

nos recuerda

que la primera

incertidumbre

es un camino

de ida.

 

El orden del forzamiento, la búsqueda del dolor y del goce se van sucediendo en el poemario de Litta.

Mientras el silencio

se come todas las paredes

vos y yo vamos

de la cama al corazón

arrastrando

como todas las noches,

el ritmo inútil

de esta revancha

que sabemos

no lleva a ningún lado.

 

Y la certeza de Tomás del Yo lirico de estar transitando una relación que ambos saben terminada y el goce de ese dolor encarnado en sexo animal

"La única certeza:

el sabor a polvo en la boca

de la guerra que peleamos.

 

Y una verdad que se va acercando poco a poco


"Construir un refugio

donde entren

nuestros cuerpos

hundirnos en un abrazo

inocente

creer que podemos

salvarnos

de todo esto.

 

Hay en los poemas de Tomy un trabajo y un camino tan genuino, tan cercano. ¿Quién no vio venir el final alguna vez y lo estiro es pos del goce? Tomás nos marca ese sendero, lo construye y lo recorre con nosotros. Nos toma la mano y nos dice esto es así. Yo estuve acá, vos vas a estar acá y no hay manera de alejarte cuando sucede. No hay consejos de amigos, ni familiares. Es un camino adictivo que hay que recorrer y tratar de que sea lo más corto posible.

¿Y después de la tormenta anunciada? El duelo ¿Qué más? Y más dolor y más goce pero ahora no en forma de algo que se rompe sino en el recuerdo de lo que tuvimos y ya no esta.

Es e cierta medida como hacerse una herida dejar que cicatrice y cuando la cascara de la nueva piel está formada arrancársela y comenzar todo nuevamente.

¿Cuánto dura? ¿Dónde termina? En el caso de Extensión del cuerpo con un poema largo de amigxs. Tomás ha escrito un mapa del goce, una ruta del dolor y es que finalmente es como dice Charly y no Lacan “Gozar, es tan necesario, mi amor. Gozar, es tan diferente al dolor”


Qué violencia perfecta la del mundo viejo

 







¿Cuándo decidimos ocultar la vejez? ¿De qué manera se fue dejando de lado

el pasado? ¿Cuándo pasaron la memoria, las raíces a convertirse en un

estorbo?

El nuevo libro de Pamela Terlizzi Prina viene a buscar algunas respuestas, a

arrojar un halo de luz sobre algo que la sociedad parece haber relegado. La

ancianidad.

Los poemas de Qué violencia perfecta la del mundo viejo vienen a proponer un

recorrido, un recuerdo. Bucean en la genealogía, indagan en el pasado, pero

no cualquier pasado sino uno especifico de raíz fémina. La experiencia de

mujeres ancestrales y su vivencia, su gallardía, su silencio. Mujeres que, como

bien dice el epígrafe de Thénon, son ellas grandes ventanales de sombra,

tiempo y muerte.

Sombra, tiempo y muerte… una memoria colectiva y generacional en la que

Pamela busca sin tregua. Una búsqueda que encuentra cauce en el dolor que

atraviesa generaciones, un dolor lleno de vejaciones, humillaciones y silencios

que nos interpelan en nuestro presente de conquistas y luchas diarias

Entonces, leyendo estos poemas dejamos de preguntamos ¿cómo llegamos

hasta acá? y comenzamos a ver el camino y así podemos amalgamar este

presente de banderas enarboladas y esta masa joven que marcha y conquista.

Y esa continuidad solo se entiende en su plenitud si entendemos nuestro

pasado, el pasado de ellas, las que vinieron antes.

“…abuela querida,

viejita

¿cuántos umbrales bajísimos tuviste que cruzar?

¿cuántos delitos pintaron frente a vos una línea roja?

¿cuántas veces la pisaste?”

La identidad. La perdida y su construcción. Aquello que la palabra pierde y que

va a renombrar. Porque lo que se perdió también nos define y nos resignifica.

“…¿Cómo se escribía tu nombre antes de la guerra?

¿Extrañas las letras perdidas?...”


Y de repente una apropiación del dolor, una aceptación de la continuidad, un

legado del que estar orgullosx:

“…las malas

las sanas

las mansas.

Son todas mías.

A todas les duelen los huesos

por haber estado de rodillas.


Un legado que transforma, un silencio que se vuelve palabra, consigna y grito:

“Mi abuela me dijo:

no es que sepas responder a todo,

es que no aguantás el silencio.”


Y eso es este nuevo poemario de Pamela. No una respuesta a todo, pero sí

una réplica al silencio acumulado, heredado, transitado. Una contestación

basada en el derecho de sangre. En un linaje de leonas que tiene permitido

sentirse mal de tanto en tanto.

El hielo en las manos




Cuando releo El hielo en las manos vienen a mí dos reflexiones “Modern poetry is prose” (but is saying plenty) algo que escribió alguna vez Lawrence Ferlinghetti, cuya (precaria) traducción sería “…la poesía moderna es prosa (pero dice mucho)” y la otra es el concepto de “Realismo tierno” categoría que invento; ¿descubrió? Gabriela Borreli en una presentación de poesía a la que asistí (por eso es importante ir a eventos de poesía y escuchar a los otros) En los poemas de Laura ambas premisas se cumplen con creces, encontramos un verso moderno que dice mucho y a su vez una ternura en la mirada que todo lo envuelve y cuida.

Una mirada que posa su vista en lo pequeño, una poesía de lo mínimo que recorre el libro de principio a fin. No porque los poemas (en su mayoría) sean breves sino por donde elige Laura posar la mirada. Donde detenerse. Ese párate no suele ser material, sino que los poemas se detienen en sensaciones, en actos, en instantes. Entonces debo corregirme, no hay en El hielo en las manos una poesía de lo mínimo es mas bien la poesía como acto mínimo: una caída, un nombre, un color, el insomnio, una mentira, un consejo… 

Los poemas que integran El hielo en las manos no necesitan de mucho para sumergirnos en esa sensación risueña y alucinógena que nos invade cuando se lee algo que nos conmueve.

Hay en este, el primer libro de poemas de Laura Quesada, una madurez y una frescura que como lector se celebra.


*

una mentira

plegada como papel

no ocupa lugar.


📗

Libro: El hielo en las manos

Poeta: Laura Quesada

Editorial: Santos locos poesía

Año de publicación: 2022

El ritmo del derrumbe (Presentación)

 


Texto que leyó y escribió Patricia González López en la presentación del libro 


El ritmo del derrumbe es entrar a la escena de estructuras que caen, ideales que alguna vez nos sostuvieron o hemos sostenido, por el solo hecho de aprender a amar y desear como se aprende a andar en bici. Luego viene la inercia, y ver, como dice el segundo poema de Tamara, qué otras formas hay de aprender y andar. Ya en el primer poema “el tiempo” se desprende la pregunta, ¿qué vida nos enseñaron a querer? ¿qué hay que dar para tenerla?

Sin embargo, no hay definiciones sobre el bien y sobre el mal, sobre las buenas y las malas formas, hay un abordaje de las líneas, una escritura con disparadores cotidianos (una caminata, una copa de algo) que llevan a Tamara a pensar en las cosas que están más allá de esa pequeña escena que origina una serie de preguntas, afirmaciones, sobre el tiempo y el mundo que habitamos, y eso no es, como titula el poema, una discusión tonta.

Hay dos mundos en el poemario de Tamara, ese que le fue dado, que ya está salvo y el nuevo, el que siembra ella misma.

Todo lo que somos se puede romper, dice en el poema Una conclusión tonta, en este caso, estar a salvo parece ser lo que ya no se puede modificar, lo que ya fue, lo que quedó en el sótano de la memoria, en el rincón donde queda depositada aquella forma que alguna vez tuvimos de ver el mundo. Y ahí entra el poema ¿qué perdí? ¿tenía fe? Dice, ¿quién no tuvo fe en el mundo que habitó y en la forma que aprendió a habitarlo? Cuando se pierde la fe, gana el cuerpo, y el cuerpo, como titula Tamara la segunda parte del libro “es la inmensidad”.

Ahí surge un nuevo mundo, un nuevo tiempo con un nuevo ritmo y hay una nueva “ilusión tonta”, otros fracasos, desear lo breve, lo quiero, lo simple, desear poner en mute el afuera, el adentro que dialoga con un poema que vine después “otro fracaso” no poder imitar la paciencia de los objetos.  Sentimos el derrumbe cuando todo lo que supimos escuchar con preferencia, parece un recuerdo lejano, un ruido.

Hay amor, hay libertad, hay una consciencia de las cosas que pueden atraparte, de las cosas que parecían encantadoras, de las dos caras de las cosas: el salvataje y la destrucción, la confianza y ser comida. Tamara toma el lápiz, escribe lo que antes le enseñaron que no había que decir, dibuja lo que pensaba que no le era propio dibujar. Y por las dudas, sigue titulando a este sistema nuevo, a esta estructura parlante, plantada, al cuerpo que grita, que elige, que sale a flote, como una sucesión de cosas tontas, para no molestar, para que ese mundo que aun tiene la capacidad de terminar con nosotras, pueda soportarlo.


Accidentes del animo - La felicidad no es un lugar (Presentacion)

 




Texto que leyó y escribió Patricia González López en la presentación del libro 

Gustavo reúne cuatro libros bajo el nombre Accidentes del ánimo, y también reúne otro poemario bajo el nombre La felicidad no es un lugar. Mientras leía y releía se me venía a la cabeza el tema de Nahuel Briones, futurito, que tiene una frase que puede contextualizar el ánimo accidentado por el deseo, las preguntas aun sin responder acerca de la felicidad: “futuros que planeaste y no viviste, nunca te lo vas a olvidar” dice el tema de Nahuel, y sobre ese clima se levantan los poemas de Gustavo.

La ausencia, en sus poemas, nunca dejan de ser lo novedoso, en cada intento, en cada apuesta, hay sorpresa a pesar de haber intuido cómo iba a seguir el juego. La familia es el pasado de sol, el futuro es el amor pensado entre signos de pregunta y el presente los objetos, los ambientes y las calles que son testigos de esa ilusión.

Los poemas de Gustavo son con alguien más al lado, y con la memoria de la infancia, los padres, la tía, que aparecen en escenas antiquísimas de vacaciones o consejos que quedaron para siempre: hay 5 escenas familiares que leí atentamente en sus poemas, obreros trabajando (tía), el mar por última vez, En optimismo (lo que uso y no recomiendo), un viejo error (la canción de los boliches), el visitador (la felicidad no es un lugar). Una presencia bella, en paz, de juego, de un clima soleado.

Gustavo nombra a la soledad pero no hay soledad si hay deseo de compañía. Los poemas hablan de no estar del todo en un lugar, no terminarse del todo un vino, no ingresar del todo a un vínculo, estar seguro del error pero no del todo de los aciertos; así caminan los poemas: embriagados de deseo, firme, múltiple, atravesando las formas del vacío, buscando a una cómplice, viviendo la imposibilidad de habitar el anhelo del vínculo para siempre, la imposibilidad de desconocer que las cosas tienen fin, que se rompen.

En los poemas de Gustavo hay Deseos breves que tienen consecuencias permanentes, que se viven y reviven a cada deseo.

Hay desesperación por abandonar algunas elecciones en tensión con el miedo al olvido, esa injusticia o perdón. Gustavo dice Yo tampoco se tomar decisiones Hasta que algo no se rompe del todo, decide abandonar lo que no sobra pero deja en claro, en varios poemas, que aunque el cariño no salva es la mejor manera de transitar la ilusión de que sigan vivas. El puente que no se usa es alguien que no se anima a cruzar a querer a una persona desconocida, porque aventurarse es como dice en un poema “incorporar algo que nunca más se olvida”.

En un poema dice: “el valor temporario de todo aquello en donde apoyo mi voluntad”, ¿cómo se hace para cruzar el puente sabiendo que todo va a romperse, que las horas de trabajo pueden deshacerse con un par de gotas de lluvia? Confiando en la memoria, en los objetos, en el barrio, en todas las sillas, los asientos sin ocupar, los paisajes de descanso, por fin descanso, del que los turistas salen corriendo.

En un poema dice tener Fascinación por la tristeza, creo que la tristeza no deja lugar a la melancolía, creo que es más bien un ojo atento a lo que se va construyendo o desvaneciendo al compás del movimiento de las cosas, el rouge, los golpes en las ventanas, sweaters en la cama, el sonido de la cerradura de la puerta, canciones, paisajes de verano, modos en que da el sol en el pasto, el clima, todo lo que Gustavo afirma que es lo que de alguna manera lo mantiene atado a los acontecimientos.




Un ritmo en las cosas (Presentación)


Texto que escribió y leyó Marie Gouiric  en la presentación del libro
 

La poesía de Maga es un regalo. Es decir, Maga, tu poesía es un regalo. Ella lo asegura así: yo te regalo una parte de mí que no conozco. ¿Cuál es esa parte? ¿El olor a cebolla en las manos de una madre, un padre que ya no quería vivir, un patio, una mudanza, un perro en el ropero, una autopista iluminada? ¿un perro rodeado de moscas? ¿Amantes fumando desnudos en el balcón? ¿El ritual de los enamorados entrando las toallas del tendal por si llueve? Tal vez un soplo en el corazón, un pulover de feria. No puede saberse todo y tu escritura, sutil y delicada, lo sabe. Le has limado las puntas suavemente a las palabras, para cuidarnos de su filo a quienes leemos y a quienes somos escritos. 


Despliega con sumo cuidado, porque como bien profesa hay cosas que no se pueden decir, una memoria de cosas guardadas en una caja que se quieren olvidar. Es decir, nombra para olvidar y en ese nombrar para olvidar construye la memoria, la nostalgia y el tiempo. Ella dice sobre el tiempo que todo lo erosiona de manera caprichosa, y yo me pregunto después de leerte, ¿la nostalgia y la memoria no lo hacen también? Por eso es bien olvidar y por eso es mejor escribir. 


En realidad, no es que construye la memoria, la nostalgia y el tiempo, sino que los usa, son los materiales de esta poesía. Intenta abrir el tiempo del cuerpo muerto del amor como lo hizo alguna vez con un sapo esa niña, que fue Maga quien escribe, para estudiarlo, comprenderlo mirarlo desde ese adentro desde el que prefiere mirar, aunque tenga un clima indominable. 


¿Y al cuerpo moribundo que le hace? En estos poemas se le inventan remedios y curas, se lo guarda en una caja de zapatos y se espera que en la mañana alguien nos dé la ilusión que recuperado se incorporó al mundo y se fue sin dejar rastros de agradecimiento ni despedida. Aunque duela la partida, esa ilusión lo es todo. Hay un momento entre el amor y el desamor, el encuentro y la despedida. Instantes precisos entre ambos en que son lo mismo, y pueden verse en las hojas que caen de los árboles en las ventanas, debajo de las piedras, en unas vacaciones, en el fondo de un colectivo. Nombra el amor como su gesto político porque el amor qué es sino saber que la vida depende de un otro. Es decir, de todos depende un otro. Mejor dicho, de mí depende un otro. Pero ¿quién es ese otro? Aún no saben estos poemas, por eso espero que Maga siga escribiendo y tal verdad sea develada para un próximo libro, porque la verdad es hermosa y los libros también y la mentira sostiene asimetrías, así dice y le creo. Porque si para las niñas existe la suerte del peinado, para ser abrazadas y acariciadas por sus madres, tal vez para nosotres exista este ritmo en las cosas que has escrito, Maga, para con su caricia darnos eso que nosotres también necesitamos sentir, en este mundo donde las cosas se rompen y se astillan y ya nunca más pueden ser reparadas. 

Necesitamos sentir que somos parte de algo más grande y vos escribiste este libro para eso. 


Gracias.


El ritmo del derrumbe

 




En El ritmo del derrumbe la voz de Tamara se nos revela en un tono casi confesional, como si ella misma nos susurrara al oído sus poemas; pequeños secretos que se deslizan en forma de versos nos van llegando en suaves oleadas ingeniosamente dosificadas a lo largo del poemario, tiñendo así la atmosfera de una nostalgia, de un halo de intimidad que por momentos logra hacernos creer que Tamara nos habla a nosotros únicamente y no a ningún otro. En este sentido hay un acierto en la ilustración (by Sofía La Watson) ya que por momentos los poemas de El ritmo del derrumbe remiten a charlas de café, esos encuentros largos en los bares, plagados de silencios, revelaciones y miradas en donde uno termina armando en la reflexión figuras con los sobres de azúcar.  

Fiel a sus estilo también encontramos trece poemas cortos con la variación “tonto” en su titulo que hacen las delicias del lector que busca este tipo de juegos en la poesía pero Tamara no se queda ahí ya que una novedad del poemario (con respecto al anterior) son los poemas de largo aliento de Tamara; poemas en los que por momentos su mirada se desdobla para ver en donde esta, que estuvo haciendo y que le depara el camino que transita un ejemplo es el poema “una carta a los antropólogos del futuro” donde la melancolía de una caminata al trabajo se desgrana con pensamientos sobre la perpetuidad.

Cuando se termina de leer El ritmo del derrumbe, pese a estar dividido en dos partes claramente marcadas por ritmos y respiraciones diferentes en la pulsión de los poemas, uno (igual) termina teniendo la sensación de que detrás de toda melancolía, de todo el sentimiento de tristeza o nostalgia, detrás de toda la introspección y revisión del pasado. Mas allá de las dudas y las preguntas. En el fondo el libro y lo que escribe Tamara es una única, eterna e inconclusa carta de amor al oficio de vivir y de escribir poesía “…es que solo se escribe una vez y otra vez / el mismo poema / el mío dice: / mirá,/ al final, otra vez / estamos saliendo a flote”

*

Una aspiración tonta


A veces quiero volver a escribir

esas cosas por las que ganaba un sueldo.

Volver a redactar

una receta

un contrato

una frase inspiradora.

Algo que tenga utilidad.

No un poema.

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Libro: El ritmo del derrumbe

Poeta: Tamara Grosso

Editorial: Santos locos poesía

Año de publicación: 2021



100 trillones de pengos húngaros

 


100 trillones de pengos húngaros es uno de esos poemarios sin desperdicio, desde el titulo con una moneda que pertenece a Hungría, país que ostenta el dudoso récord mundial de hiperinflación con 41,9 de trillones % (hay algo más argento que eso), pasando por el epígrafe de Marx, demostrando una vez más que la poesía puede reconocerse en cualquier escrito.

Compuesto por quince poemas que siguen una lógica de analogía permanente, la dualidad: causa – consecuencia o mejor dicho que toda causa tiene su consecuencia.

A este método el amigo Santo Tomas la llamo vía del primer motor y le sirvió para justificar la existencia de Dios y vincularlo con la razón.

Mauro Quesada aplica este principio que en palabras de Santo Tomas “…nada se mueve a no ser que en cuanto potencia esté orientado a aquello para lo que se mueve…”  para demostrarnos que el movimiento del mercado, su lógica, la lógica del dinero, es quizás la primera, más perfecta e incontrolable inteligencia Artificial creada por el ser humano. 

Poemas que van desde una lata de tomate perita, un préstamo bancario, o locuras ¿genialidades? como las que enmarcan el poema Forlandia giran en torno a la lógica que se intuye propia del mercado pero que es invisible para nosotros. Mauro la visibiliza mediante sus poemas. 

Un pensamiento neoliberal por excelencia es querer que el mercado se auto regule. En los poemas de Quesada podemos atisbar que pasaría si dejáramos esa auto regulación en manos de la misma IA que la exige. Poemas como Tesla & Edison hablan de un Dios personal de 50kg (Personal Jesús diría depeche), poemas como Lobo o como Formula o Confianza nos muestran como crece la lógica, como crece la fe en algo intangible, como nos gobierna o nos rodea sin que nos demos cuenta. Al igual que se derriten las velas que alumbran a Marx mientras escribe El Capital en la oscuridad de su propia existencia. 

Es 100 trillones un poemario que debería darse como texto critico en las facultades de economía y finanzas. Otra mirada, una poetizada y critica que invite a reflexionar a los futuros egresados de esa maquina de chorizos en que se han convertido algunas facultades. Un poemario alejado del yo, de los lugares comunes. Viento fresco en estos tiempos. 

Es, según como se lo lea,  quizás una tesis o un manifiesto político pero sin dudas encierra la belleza que se encuentran cuando el poema, el poeta ilumina lo que nos es oscuro. 

Terminar con la moneda ½ centavos de Austral que alguna vez supimos conseguir es el bello y triste final donde la forma se vuelve redonda y el libro resplandece. 

Los invito a conseguirlo (es de descarga libre) y si se cruzan a Mauro quizás se hagan con un ejemplar impreso como el que tengo yo. Hecho a mano, con sello artesanal y en un papel dorado que es una locura de bello. 

Mi ejemplar es el número 03 espero que el de ustedes sea un número mucho mas alto. 

*

Plusvalía

Las llamas naranjas de las velas que iluminaban
las hojas de papel en las que Marx escribía El Capital
se iban derritiendo poco a poco
y entonces le asaltaba la nimia preocupación
de tener que comprar más velas
y no quedarse sin esa luz tenue
pero luz al fin por las que Marx
debía desembolsar unos chelines
y adquirirlas
para así poder ver las hojas en su escritorio
sobre las que escribía El Capital
e iluminar su rostro adusto
y crear las sombras que en la pared reflejarían
el contorno de su pelo y su barba
en la oscuridad de su habitación
en la oscuridad de Londres
en la oscuridad de su propia existencia.

📗

Libro: 100 trillones de pengos húngaros 

Poeta: Mauro Quesada

Editorial: Goles Rosas

Año de publicación: 2020

Un ritmo en las cosas


La vida es un proceso fluido y turbulento por momentos, en ocasiones esa perturbación puede dejar cicatrices, pero la vida sigue fluyendo como como un río fugitivo y permanente. Los poemas de un ritmo en las cosas tienen esa fluidez y esa turbulencia. Instantes que nos obligan a detenernos, observarnos mejor y en esa observación encontrar una oportunidad para reencontrarse.

Dividido en cuatro estaciones (no nombradas) el foco de los poemas esta puesto en lo mínimo, en lo pequeño. Árboles que se encuadran a través de una reja, puntos de encuentro en mapas imaginarios y una hora en el día en que las montañas se vuelven azules.

Descubrimos a medida que leemos que la lucidez de esos instantes acontece en momentos de abandono o ruptura, un pequeño engranaje de autoprotección se activa ante lo inevitable y el mundo hostil que quiere lastimarnos desaparece. Si alguna vez han estado ahí (yo sé que sí) sabrán a que me refiero. Ese instante breve, pero interminable, en donde ante lo inevitable el mundo se ordena y la belleza se nos revela en toda su plenitud.

Intentar comprender para avanzar es la clave en la poesía de Maga.  Y en esa compresión volver a lo simple: cuidar el patio, regar las plantas, amasar la tierra, escribir un poema, habitar el silencio.

Un ritmo en las cosas es en definitiva un poemario sobre la incertidumbre, sobre los momentos y sobre la pausa. Poemas oníricos por momentos que tienen la liviandad de un ave en vuelo.  Porque el amor es eso o se siente así y no puede ocultarse. Lo importante no son los libros son las personas dice Maga. Lo importante es que hacemos nosotros con los poemas que ella nos brinda.

Un libro que fluye, una autopista de poemas y que como bien señala Maga: tiene nombre de juguete y nos ofrece morir o la posibilidad de escuchar un disco entero en el camino.

*

4.

A veces,

me como mi propia piel,

las astillas

que dejan mis dedos.

A veces elijo

cada prenda de mi vestuario

como si fuera a ir una fiesta.

Y solo voy

al supermercado.


📗

Libro: Un ritmo en las cosas

Poeta: Maga Cervellera

Editorial: Santos locos poesía

Año de publicación: 2021