El hielo en las manos




Cuando releo El hielo en las manos vienen a mí dos reflexiones “Modern poetry is prose” (but is saying plenty) algo que escribió alguna vez Lawrence Ferlinghetti, cuya (precaria) traducción sería “…la poesía moderna es prosa (pero dice mucho)” y la otra es el concepto de “Realismo tierno” categoría que invento; ¿descubrió? Gabriela Borreli en una presentación de poesía a la que asistí (por eso es importante ir a eventos de poesía y escuchar a los otros) En los poemas de Laura ambas premisas se cumplen con creces, encontramos un verso moderno que dice mucho y a su vez una ternura en la mirada que todo lo envuelve y cuida.

Una mirada que posa su vista en lo pequeño, una poesía de lo mínimo que recorre el libro de principio a fin. No porque los poemas (en su mayoría) sean breves sino por donde elige Laura posar la mirada. Donde detenerse. Ese párate no suele ser material, sino que los poemas se detienen en sensaciones, en actos, en instantes. Entonces debo corregirme, no hay en El hielo en las manos una poesía de lo mínimo es mas bien la poesía como acto mínimo: una caída, un nombre, un color, el insomnio, una mentira, un consejo… 

Los poemas que integran El hielo en las manos no necesitan de mucho para sumergirnos en esa sensación risueña y alucinógena que nos invade cuando se lee algo que nos conmueve.

Hay en este, el primer libro de poemas de Laura Quesada, una madurez y una frescura que como lector se celebra.


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una mentira

plegada como papel

no ocupa lugar.


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Libro: El hielo en las manos

Poeta: Laura Quesada

Editorial: Santos locos poesía

Año de publicación: 2022

El ritmo del derrumbe (Presentación)

 


Texto que leyó y escribió Patricia González López en la presentación del libro 


El ritmo del derrumbe es entrar a la escena de estructuras que caen, ideales que alguna vez nos sostuvieron o hemos sostenido, por el solo hecho de aprender a amar y desear como se aprende a andar en bici. Luego viene la inercia, y ver, como dice el segundo poema de Tamara, qué otras formas hay de aprender y andar. Ya en el primer poema “el tiempo” se desprende la pregunta, ¿qué vida nos enseñaron a querer? ¿qué hay que dar para tenerla?

Sin embargo, no hay definiciones sobre el bien y sobre el mal, sobre las buenas y las malas formas, hay un abordaje de las líneas, una escritura con disparadores cotidianos (una caminata, una copa de algo) que llevan a Tamara a pensar en las cosas que están más allá de esa pequeña escena que origina una serie de preguntas, afirmaciones, sobre el tiempo y el mundo que habitamos, y eso no es, como titula el poema, una discusión tonta.

Hay dos mundos en el poemario de Tamara, ese que le fue dado, que ya está salvo y el nuevo, el que siembra ella misma.

Todo lo que somos se puede romper, dice en el poema Una conclusión tonta, en este caso, estar a salvo parece ser lo que ya no se puede modificar, lo que ya fue, lo que quedó en el sótano de la memoria, en el rincón donde queda depositada aquella forma que alguna vez tuvimos de ver el mundo. Y ahí entra el poema ¿qué perdí? ¿tenía fe? Dice, ¿quién no tuvo fe en el mundo que habitó y en la forma que aprendió a habitarlo? Cuando se pierde la fe, gana el cuerpo, y el cuerpo, como titula Tamara la segunda parte del libro “es la inmensidad”.

Ahí surge un nuevo mundo, un nuevo tiempo con un nuevo ritmo y hay una nueva “ilusión tonta”, otros fracasos, desear lo breve, lo quiero, lo simple, desear poner en mute el afuera, el adentro que dialoga con un poema que vine después “otro fracaso” no poder imitar la paciencia de los objetos.  Sentimos el derrumbe cuando todo lo que supimos escuchar con preferencia, parece un recuerdo lejano, un ruido.

Hay amor, hay libertad, hay una consciencia de las cosas que pueden atraparte, de las cosas que parecían encantadoras, de las dos caras de las cosas: el salvataje y la destrucción, la confianza y ser comida. Tamara toma el lápiz, escribe lo que antes le enseñaron que no había que decir, dibuja lo que pensaba que no le era propio dibujar. Y por las dudas, sigue titulando a este sistema nuevo, a esta estructura parlante, plantada, al cuerpo que grita, que elige, que sale a flote, como una sucesión de cosas tontas, para no molestar, para que ese mundo que aun tiene la capacidad de terminar con nosotras, pueda soportarlo.


Accidentes del animo - La felicidad no es un lugar (Presentacion)

 




Texto que leyó y escribió Patricia González López en la presentación del libro 

Gustavo reúne cuatro libros bajo el nombre Accidentes del ánimo, y también reúne otro poemario bajo el nombre La felicidad no es un lugar. Mientras leía y releía se me venía a la cabeza el tema de Nahuel Briones, futurito, que tiene una frase que puede contextualizar el ánimo accidentado por el deseo, las preguntas aun sin responder acerca de la felicidad: “futuros que planeaste y no viviste, nunca te lo vas a olvidar” dice el tema de Nahuel, y sobre ese clima se levantan los poemas de Gustavo.

La ausencia, en sus poemas, nunca dejan de ser lo novedoso, en cada intento, en cada apuesta, hay sorpresa a pesar de haber intuido cómo iba a seguir el juego. La familia es el pasado de sol, el futuro es el amor pensado entre signos de pregunta y el presente los objetos, los ambientes y las calles que son testigos de esa ilusión.

Los poemas de Gustavo son con alguien más al lado, y con la memoria de la infancia, los padres, la tía, que aparecen en escenas antiquísimas de vacaciones o consejos que quedaron para siempre: hay 5 escenas familiares que leí atentamente en sus poemas, obreros trabajando (tía), el mar por última vez, En optimismo (lo que uso y no recomiendo), un viejo error (la canción de los boliches), el visitador (la felicidad no es un lugar). Una presencia bella, en paz, de juego, de un clima soleado.

Gustavo nombra a la soledad pero no hay soledad si hay deseo de compañía. Los poemas hablan de no estar del todo en un lugar, no terminarse del todo un vino, no ingresar del todo a un vínculo, estar seguro del error pero no del todo de los aciertos; así caminan los poemas: embriagados de deseo, firme, múltiple, atravesando las formas del vacío, buscando a una cómplice, viviendo la imposibilidad de habitar el anhelo del vínculo para siempre, la imposibilidad de desconocer que las cosas tienen fin, que se rompen.

En los poemas de Gustavo hay Deseos breves que tienen consecuencias permanentes, que se viven y reviven a cada deseo.

Hay desesperación por abandonar algunas elecciones en tensión con el miedo al olvido, esa injusticia o perdón. Gustavo dice Yo tampoco se tomar decisiones Hasta que algo no se rompe del todo, decide abandonar lo que no sobra pero deja en claro, en varios poemas, que aunque el cariño no salva es la mejor manera de transitar la ilusión de que sigan vivas. El puente que no se usa es alguien que no se anima a cruzar a querer a una persona desconocida, porque aventurarse es como dice en un poema “incorporar algo que nunca más se olvida”.

En un poema dice: “el valor temporario de todo aquello en donde apoyo mi voluntad”, ¿cómo se hace para cruzar el puente sabiendo que todo va a romperse, que las horas de trabajo pueden deshacerse con un par de gotas de lluvia? Confiando en la memoria, en los objetos, en el barrio, en todas las sillas, los asientos sin ocupar, los paisajes de descanso, por fin descanso, del que los turistas salen corriendo.

En un poema dice tener Fascinación por la tristeza, creo que la tristeza no deja lugar a la melancolía, creo que es más bien un ojo atento a lo que se va construyendo o desvaneciendo al compás del movimiento de las cosas, el rouge, los golpes en las ventanas, sweaters en la cama, el sonido de la cerradura de la puerta, canciones, paisajes de verano, modos en que da el sol en el pasto, el clima, todo lo que Gustavo afirma que es lo que de alguna manera lo mantiene atado a los acontecimientos.




Un ritmo en las cosas (Presentación)


Texto que escribió y leyó Marie Gouiric  en la presentación del libro
 

La poesía de Maga es un regalo. Es decir, Maga, tu poesía es un regalo. Ella lo asegura así: yo te regalo una parte de mí que no conozco. ¿Cuál es esa parte? ¿El olor a cebolla en las manos de una madre, un padre que ya no quería vivir, un patio, una mudanza, un perro en el ropero, una autopista iluminada? ¿un perro rodeado de moscas? ¿Amantes fumando desnudos en el balcón? ¿El ritual de los enamorados entrando las toallas del tendal por si llueve? Tal vez un soplo en el corazón, un pulover de feria. No puede saberse todo y tu escritura, sutil y delicada, lo sabe. Le has limado las puntas suavemente a las palabras, para cuidarnos de su filo a quienes leemos y a quienes somos escritos. 


Despliega con sumo cuidado, porque como bien profesa hay cosas que no se pueden decir, una memoria de cosas guardadas en una caja que se quieren olvidar. Es decir, nombra para olvidar y en ese nombrar para olvidar construye la memoria, la nostalgia y el tiempo. Ella dice sobre el tiempo que todo lo erosiona de manera caprichosa, y yo me pregunto después de leerte, ¿la nostalgia y la memoria no lo hacen también? Por eso es bien olvidar y por eso es mejor escribir. 


En realidad, no es que construye la memoria, la nostalgia y el tiempo, sino que los usa, son los materiales de esta poesía. Intenta abrir el tiempo del cuerpo muerto del amor como lo hizo alguna vez con un sapo esa niña, que fue Maga quien escribe, para estudiarlo, comprenderlo mirarlo desde ese adentro desde el que prefiere mirar, aunque tenga un clima indominable. 


¿Y al cuerpo moribundo que le hace? En estos poemas se le inventan remedios y curas, se lo guarda en una caja de zapatos y se espera que en la mañana alguien nos dé la ilusión que recuperado se incorporó al mundo y se fue sin dejar rastros de agradecimiento ni despedida. Aunque duela la partida, esa ilusión lo es todo. Hay un momento entre el amor y el desamor, el encuentro y la despedida. Instantes precisos entre ambos en que son lo mismo, y pueden verse en las hojas que caen de los árboles en las ventanas, debajo de las piedras, en unas vacaciones, en el fondo de un colectivo. Nombra el amor como su gesto político porque el amor qué es sino saber que la vida depende de un otro. Es decir, de todos depende un otro. Mejor dicho, de mí depende un otro. Pero ¿quién es ese otro? Aún no saben estos poemas, por eso espero que Maga siga escribiendo y tal verdad sea develada para un próximo libro, porque la verdad es hermosa y los libros también y la mentira sostiene asimetrías, así dice y le creo. Porque si para las niñas existe la suerte del peinado, para ser abrazadas y acariciadas por sus madres, tal vez para nosotres exista este ritmo en las cosas que has escrito, Maga, para con su caricia darnos eso que nosotres también necesitamos sentir, en este mundo donde las cosas se rompen y se astillan y ya nunca más pueden ser reparadas. 

Necesitamos sentir que somos parte de algo más grande y vos escribiste este libro para eso. 


Gracias.


El ritmo del derrumbe

 




En El ritmo del derrumbe la voz de Tamara se nos revela en un tono casi confesional, como si ella misma nos susurrara al oído sus poemas; pequeños secretos que se deslizan en forma de versos nos van llegando en suaves oleadas ingeniosamente dosificadas a lo largo del poemario, tiñendo así la atmosfera de una nostalgia, de un halo de intimidad que por momentos logra hacernos creer que Tamara nos habla a nosotros únicamente y no a ningún otro. En este sentido hay un acierto en la ilustración (by Sofía La Watson) ya que por momentos los poemas de El ritmo del derrumbe remiten a charlas de café, esos encuentros largos en los bares, plagados de silencios, revelaciones y miradas en donde uno termina armando en la reflexión figuras con los sobres de azúcar.  

Fiel a sus estilo también encontramos trece poemas cortos con la variación “tonto” en su titulo que hacen las delicias del lector que busca este tipo de juegos en la poesía pero Tamara no se queda ahí ya que una novedad del poemario (con respecto al anterior) son los poemas de largo aliento de Tamara; poemas en los que por momentos su mirada se desdobla para ver en donde esta, que estuvo haciendo y que le depara el camino que transita un ejemplo es el poema “una carta a los antropólogos del futuro” donde la melancolía de una caminata al trabajo se desgrana con pensamientos sobre la perpetuidad.

Cuando se termina de leer El ritmo del derrumbe, pese a estar dividido en dos partes claramente marcadas por ritmos y respiraciones diferentes en la pulsión de los poemas, uno (igual) termina teniendo la sensación de que detrás de toda melancolía, de todo el sentimiento de tristeza o nostalgia, detrás de toda la introspección y revisión del pasado. Mas allá de las dudas y las preguntas. En el fondo el libro y lo que escribe Tamara es una única, eterna e inconclusa carta de amor al oficio de vivir y de escribir poesía “…es que solo se escribe una vez y otra vez / el mismo poema / el mío dice: / mirá,/ al final, otra vez / estamos saliendo a flote”

*

Una aspiración tonta


A veces quiero volver a escribir

esas cosas por las que ganaba un sueldo.

Volver a redactar

una receta

un contrato

una frase inspiradora.

Algo que tenga utilidad.

No un poema.

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Libro: El ritmo del derrumbe

Poeta: Tamara Grosso

Editorial: Santos locos poesía

Año de publicación: 2021



100 trillones de pengos húngaros

 


100 trillones de pengos húngaros es uno de esos poemarios sin desperdicio, desde el titulo con una moneda que pertenece a Hungría, país que ostenta el dudoso récord mundial de hiperinflación con 41,9 de trillones % (hay algo más argento que eso), pasando por el epígrafe de Marx, demostrando una vez más que la poesía puede reconocerse en cualquier escrito.

Compuesto por quince poemas que siguen una lógica de analogía permanente, la dualidad: causa – consecuencia o mejor dicho que toda causa tiene su consecuencia.

A este método el amigo Santo Tomas la llamo vía del primer motor y le sirvió para justificar la existencia de Dios y vincularlo con la razón.

Mauro Quesada aplica este principio que en palabras de Santo Tomas “…nada se mueve a no ser que en cuanto potencia esté orientado a aquello para lo que se mueve…”  para demostrarnos que el movimiento del mercado, su lógica, la lógica del dinero, es quizás la primera, más perfecta e incontrolable inteligencia Artificial creada por el ser humano. 

Poemas que van desde una lata de tomate perita, un préstamo bancario, o locuras ¿genialidades? como las que enmarcan el poema Forlandia giran en torno a la lógica que se intuye propia del mercado pero que es invisible para nosotros. Mauro la visibiliza mediante sus poemas. 

Un pensamiento neoliberal por excelencia es querer que el mercado se auto regule. En los poemas de Quesada podemos atisbar que pasaría si dejáramos esa auto regulación en manos de la misma IA que la exige. Poemas como Tesla & Edison hablan de un Dios personal de 50kg (Personal Jesús diría depeche), poemas como Lobo o como Formula o Confianza nos muestran como crece la lógica, como crece la fe en algo intangible, como nos gobierna o nos rodea sin que nos demos cuenta. Al igual que se derriten las velas que alumbran a Marx mientras escribe El Capital en la oscuridad de su propia existencia. 

Es 100 trillones un poemario que debería darse como texto critico en las facultades de economía y finanzas. Otra mirada, una poetizada y critica que invite a reflexionar a los futuros egresados de esa maquina de chorizos en que se han convertido algunas facultades. Un poemario alejado del yo, de los lugares comunes. Viento fresco en estos tiempos. 

Es, según como se lo lea,  quizás una tesis o un manifiesto político pero sin dudas encierra la belleza que se encuentran cuando el poema, el poeta ilumina lo que nos es oscuro. 

Terminar con la moneda ½ centavos de Austral que alguna vez supimos conseguir es el bello y triste final donde la forma se vuelve redonda y el libro resplandece. 

Los invito a conseguirlo (es de descarga libre) y si se cruzan a Mauro quizás se hagan con un ejemplar impreso como el que tengo yo. Hecho a mano, con sello artesanal y en un papel dorado que es una locura de bello. 

Mi ejemplar es el número 03 espero que el de ustedes sea un número mucho mas alto. 

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Plusvalía

Las llamas naranjas de las velas que iluminaban
las hojas de papel en las que Marx escribía El Capital
se iban derritiendo poco a poco
y entonces le asaltaba la nimia preocupación
de tener que comprar más velas
y no quedarse sin esa luz tenue
pero luz al fin por las que Marx
debía desembolsar unos chelines
y adquirirlas
para así poder ver las hojas en su escritorio
sobre las que escribía El Capital
e iluminar su rostro adusto
y crear las sombras que en la pared reflejarían
el contorno de su pelo y su barba
en la oscuridad de su habitación
en la oscuridad de Londres
en la oscuridad de su propia existencia.

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Libro: 100 trillones de pengos húngaros 

Poeta: Mauro Quesada

Editorial: Goles Rosas

Año de publicación: 2020

Un ritmo en las cosas


La vida es un proceso fluido y turbulento por momentos, en ocasiones esa perturbación puede dejar cicatrices, pero la vida sigue fluyendo como como un río fugitivo y permanente. Los poemas de un ritmo en las cosas tienen esa fluidez y esa turbulencia. Instantes que nos obligan a detenernos, observarnos mejor y en esa observación encontrar una oportunidad para reencontrarse.

Dividido en cuatro estaciones (no nombradas) el foco de los poemas esta puesto en lo mínimo, en lo pequeño. Árboles que se encuadran a través de una reja, puntos de encuentro en mapas imaginarios y una hora en el día en que las montañas se vuelven azules.

Descubrimos a medida que leemos que la lucidez de esos instantes acontece en momentos de abandono o ruptura, un pequeño engranaje de autoprotección se activa ante lo inevitable y el mundo hostil que quiere lastimarnos desaparece. Si alguna vez han estado ahí (yo sé que sí) sabrán a que me refiero. Ese instante breve, pero interminable, en donde ante lo inevitable el mundo se ordena y la belleza se nos revela en toda su plenitud.

Intentar comprender para avanzar es la clave en la poesía de Maga.  Y en esa compresión volver a lo simple: cuidar el patio, regar las plantas, amasar la tierra, escribir un poema, habitar el silencio.

Un ritmo en las cosas es en definitiva un poemario sobre la incertidumbre, sobre los momentos y sobre la pausa. Poemas oníricos por momentos que tienen la liviandad de un ave en vuelo.  Porque el amor es eso o se siente así y no puede ocultarse. Lo importante no son los libros son las personas dice Maga. Lo importante es que hacemos nosotros con los poemas que ella nos brinda.

Un libro que fluye, una autopista de poemas y que como bien señala Maga: tiene nombre de juguete y nos ofrece morir o la posibilidad de escuchar un disco entero en el camino.

*

4.

A veces,

me como mi propia piel,

las astillas

que dejan mis dedos.

A veces elijo

cada prenda de mi vestuario

como si fuera a ir una fiesta.

Y solo voy

al supermercado.


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Libro: Un ritmo en las cosas

Poeta: Maga Cervellera

Editorial: Santos locos poesía

Año de publicación: 2021